Y cuando por fin me estaba acostumbrando a las heridas de mis labios. Heridas que odio tanto, descubrí que no eran las únicas que en mi cuerpo había. Que de todas las que tenía, las tuyas eran las que más me dolían. Como dice Irene X, heridas que salvan vidas y huelen genial. Heridas que te arreglan los días y saben a coco. Heridas que te cuidan y te pasan a buscar. Heridas que te abrazan por detrás y sin hablar, te quitan el frío. Heridas que son trece y acaban en viernes. Heridas grabadas a fuego que te guardan un sitio y tienen nombre y apellido. Heridas que no ponen título ni mandan ubicación.
Y si hablamos de tiempo, yo tengo todo el tiempo del mundo para compartirlo contigo.