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Ella, es de esas chicas que cuando te cruzas por la calle no puedes evitar girarte y esperar viendo como se aleja con prisa. Tiene algo especial, es una chica peligrosa.

Su bolso cargado en el brazo con sus más de ciento veinte manías. El lunar en su mejilla, su tatuaje detrás de la oreja y su pelo alborotado la hacen aún más bonita. No te imaginas la vergüenza que pasa cuando se siente observada. Un poco tímida, pero solo hasta que coge confianza. Se la nota en la cara cuando tiene sueño. Nació ya cansada, dice.

Muy de leer a Defreds, escuchar Sidecars y volver a casa casi siempre en bus. Se pasa parte de los días tirada en el sofá, aburrida sin hacer nada. A veces también estudia. La otra parte imaginando películas y cambiando las letras a las canciones, sobretodo cuando está en la ducha. Odia los martes, aunque creo que ahora un poquito menos. Suele llorar alguna vez, y aunque dice que tiene muy mal genio, lo tiene bastante bien escondido.

Ojalá pudiera viajar. Si fuera gratis, se perdería por cualquier rincón del mundo. Le gustaría mucho vivir en un estudio en Nueva York, tener allí un perro y comprarse un Mini. Le encanta acabar el día tumbada en la cama con música un ratito antes de irse a dormir. Súper fan incondicional de Leiva.

La chica que desayuna los miércoles, y algún que otro viernes, en la cafetería del centro. La chica de la blusa de Zara y las New Balance. La chica de la pizza de queso. La chica del pelo rizado que vive siempre despeinada. Y que le queda genial, por cierto. La chica que te muerde y sonríe en mitad de un beso. La chica que te dedica tu canción favorita en mitad de un concierto. La chica de los dos cafés al día.

La chica que te invita a cerveza y te salva la vida.

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A mi medida

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