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Tiempo


Por primera vez he aprendido a ir despacio.
Siento que ahora, no hace falta correr para llegar bien.
Que la cerveza me sabe mejor contigo y que la distancia se mide en apenas centímetros. Y ojalá nunca fueran más de dos.
No me importa andar, aunque sea lejos, donde quieras, me da igual. Que además, el camino ya me lo conozco de sobra, y me gusta. Y que cuando quieras nos vamos, a cualquier otra parte, ya sabes.
He encontrado el calor que hay debajo de un paraguas, el frío en la calle de madrugada y algún lunes que no me importa madrugar.
Ahora sé que no hay mejor lugar para pasar el domingo que entre tu pelo y tu hombro escondido.
Que la solución a mis problemas pasa porque aparezcas con ganas de mantenerme arriba, cuando el mundo se me echa encima.
He descubierto que el tiempo se mide en instantes fugaces, en fracciones de segundo, en momentos que marcan, en recuerdos grabados y no en el reloj de pulsera que llevas atado en la muñeca.
Que a veces la respuesta está en frenar un poco y mirar hacia un lado. Entonces te das cuenta de que todo encaja y empieza a funcionar.
¿Y sabes qué?
Que ni la primavera ha sido tan mala, ni la lluvia tan desagradable, ni el frío tan frío desde que estás tú aquí conmigo. Y aunque hoy, todavía no hay muchas páginas escritas en este cuaderno, que sepas que es solo porque aún no nos ha dado tiempo.

Y si hablamos de tiempo, 
yo tengo todo el tiempo del mundo para compartirlo contigo.

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