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Otra vez domingo


Domingos de resaca y cafés largos. De gafas de sol.
De madrugar poco. Música en inglés en la radio.
Un par de ibuprofenos. Duchas frias, o calientes.
Miradas vacías, perdidas en el recuerdo de la noche anterior.
Soledad, a veces compartida.
Tardes de sofá, de pijama y poca cena. Dolor de cabeza.
Queda media pizza en el microondas.

Domingos de autodestrucción.
Aún quedan las secuelas de la ginebra y los restos de los besos que me diste anoche.
Domingos de película mala y helado de chocolate. Demasiado helado de chocolate.
Domingos de no salir de casa en todo el día. Ni de la cama.

De echarte de menos. De arrepentirme.
Ojalá saber algo de ti algún día. Sí, hoy sería un buen día.
Se me queda grande el sofá, la casa, la cama y la vida.
¿Para qué sirven los domingos?
No sirven para nada.

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A mi medida

Todas las cosas que soy, tú y yo las compartimos. Y todas las que a mi me faltan las tienes tú. Sencilla combinación de cualidades especiales que se complementan de forma fácil. Tan fácil. Un engranaje perfecto que a cada paso que damos va encajando cada vez un poquito mejor. Una historia imperfecta con un sinfín de errores y complicaciones. Una película cuyo único guión escrito no es otro que improvisar. Una canción sin final de Andrés Suarez o un texto eterno de Miguel Gane. Y no me canso, quiero seguir arrancando hojas del calendario. Quemando etapas, pasando páginas, leyendo otros capítulos pero todos ellos dentro del mismo libro. No sé donde estará el final pero no quiero encontrarlo. Quiero seguir plasmando en miles de instantáneas lo que forman tu boca con mis labios. Quiero apoyarme en ti, cuidarte y que tú me cuides a mí. Poder ver cada día esa seguridad que desprendes a cada paso que das. Es verdad, las historias con final feliz solo pasan en las películas. Así...

Cuídame

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Difícil de llevar

Dice que soy difícil de llevar, pero me lleva mejor que nadie. Consigue solamente con mirarme que mi opinión cambie. Que pierda mi juicio y mi razón. Que me tiemblen las piernas. Que se rompan todos los esquemas y gane todas mis apuestas. Saca de mí, mi mejor parte. Y a la hora de querer, es impresionante. Es un ciclón, un terremoto, una lluvia que no cesa. Una tormenta tropical de ida y vuelta. Un viaje a la Luna sin botón de emergencia. Un rompeolas, una curva a doscientos cincuenta. Un libro sin final, la lluvia en el desierto. Un abrazo lento o un gol en el descuento. Una sonrisilla tonta imaginando un beso. El arcoiris en invierno o despertarse y acordarse de un sueño. Es conseguir ser feliz y no quedarse en el intento. Posicionar la ilusión a un nivel avanzado. Es la llama que enciende todo lo apagado. Es un "te quiero" inesperado.  Es un giro constante de 360 grados.