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135 kilómetros


Me da igual que vivas en otra ciudad. Ya me he acostumbrado a verte solamente los fines de semana. Y por desgracia, ni siempre ni todos. Alguien me dijo hace tiempo que no era bueno eso de acostumbrarse, pero ya ves, aquí estoy metido como siempre en camisas de once varas. Cenas con tus amigas mientras yo me emborracho en cualquier rincón, para después empezar juntos el domingo. Me encanta pasar frío contigo. He descubierto que no sé como acabar la semana sin verte. Cada día es algo nuevo, diferente plan, distinto bar y otras calles. Pero aunque pasen tantos días la sensación es de la primera vez que nos vemos, hay cosas que no cambian. Mismos besos en el parque, y nuestras escaleras. El banco marrón justo debajo de tu casa no se mueve y tampoco ese portal que siempre encontramos abierto. Conversaciones vacías a diario, pero llega el viernes, tú impaciente por llegar, yo nervioso esperando que me avises para bajar. Días llenos de cenas y cervezas, de películas y polvos, de siestas en tu sofá. De ganas de avanzar, de arrancar hojas en el calendario, tachando números de semana en semana.

La putada es el domingo, 
te marchas y otra vez vuelta a empezar.

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A mi medida

Todas las cosas que soy, tú y yo las compartimos. Y todas las que a mi me faltan las tienes tú. Sencilla combinación de cualidades especiales que se complementan de forma fácil. Tan fácil. Un engranaje perfecto que a cada paso que damos va encajando cada vez un poquito mejor. Una historia imperfecta con un sinfín de errores y complicaciones. Una película cuyo único guión escrito no es otro que improvisar. Una canción sin final de Andrés Suarez o un texto eterno de Miguel Gane. Y no me canso, quiero seguir arrancando hojas del calendario. Quemando etapas, pasando páginas, leyendo otros capítulos pero todos ellos dentro del mismo libro. No sé donde estará el final pero no quiero encontrarlo. Quiero seguir plasmando en miles de instantáneas lo que forman tu boca con mis labios. Quiero apoyarme en ti, cuidarte y que tú me cuides a mí. Poder ver cada día esa seguridad que desprendes a cada paso que das. Es verdad, las historias con final feliz solo pasan en las películas. Así...

Cuídame

Cuídame bien, no dejes nunca que me pierda. No permitas que un día me vaya en busca del calor que contigo no he encontrado. Quiero que me dejes dudar, tengo mi derecho, igual que tienes tú el tuyo. Pero no dejes que me lo piense dos veces, porque puede que elija el fallo. No dejes que me vaya. Cuídame mucho, pero deja que me equivoque y dame luego la posibilidad de arreglarlo. No dejes que me aleje de ti, no dejes que esto salga mal, por favor, no quiero que llegue el momento de tener que recoger mis cosas e irme de aquí. Y si fuera así, tampoco te olvides de mí. Cuídame. Quiero que estés conmigo, que me tengas a mí. Que presumas de nosotros, de lo que somos y de lo que hemos conseguido. Y antes de dejarme ir, recuerda lo que hemos sido. Cuídame, juegatela, apuesta por todo, que te va a salir bien. Estoy seguro. Cuídame de verdad, porque yo ya no sé ser de otra manera. No dejes nunca de necesitarme. No te permitas el lujo de pedirme otra oportunidad, no quiero que eso ...

Difícil de llevar

Dice que soy difícil de llevar, pero me lleva mejor que nadie. Consigue solamente con mirarme que mi opinión cambie. Que pierda mi juicio y mi razón. Que me tiemblen las piernas. Que se rompan todos los esquemas y gane todas mis apuestas. Saca de mí, mi mejor parte. Y a la hora de querer, es impresionante. Es un ciclón, un terremoto, una lluvia que no cesa. Una tormenta tropical de ida y vuelta. Un viaje a la Luna sin botón de emergencia. Un rompeolas, una curva a doscientos cincuenta. Un libro sin final, la lluvia en el desierto. Un abrazo lento o un gol en el descuento. Una sonrisilla tonta imaginando un beso. El arcoiris en invierno o despertarse y acordarse de un sueño. Es conseguir ser feliz y no quedarse en el intento. Posicionar la ilusión a un nivel avanzado. Es la llama que enciende todo lo apagado. Es un "te quiero" inesperado.  Es un giro constante de 360 grados.