Creo que no te podían quedar mejor aquellos vaqueros ajustados, y esa cazadora de cuero negra que te hacía tan sexy. Debajo, aquella blusa oscura marcada por los restos de la humedad que desprende un botellín helado, lugar por donde apenas asomaba tu escote. Uno de esos escotes bonitos, de los que sin ser para nada extravagante, te dejaba sin respiración. Que chica pensé, es increíble. No me atrevía a decirte nada y me quedé con las ganas. Luego me arrepentí. Un minuto después me giré y ya no estabas, te busqué en el lavabo y nada, salí fuera a la puerta y tampoco. Habías desaparecido. Y aunque nunca llegué a hablar contigo y ni siquiera sé como te llamas, todavía no ha pasado un solo jueves en el que no haya estado en aquel bar, en aquella barra esperándote, por si de repente apareces. Y ya van casi tres meses.
Creo que no te podían quedar mejor aquellos vaqueros ajustados, y esa cazadora de cuero negra que te hacía tan sexy. Debajo, aquella blusa oscura marcada por los restos de la humedad que desprende un botellín helado, lugar por donde apenas asomaba tu escote. Uno de esos escotes bonitos, de los que sin ser para nada extravagante, te dejaba sin respiración. Que chica pensé, es increíble. No me atrevía a decirte nada y me quedé con las ganas. Luego me arrepentí. Un minuto después me giré y ya no estabas, te busqué en el lavabo y nada, salí fuera a la puerta y tampoco. Habías desaparecido. Y aunque nunca llegué a hablar contigo y ni siquiera sé como te llamas, todavía no ha pasado un solo jueves en el que no haya estado en aquel bar, en aquella barra esperándote, por si de repente apareces. Y ya van casi tres meses.

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